08 Recuerdos

on Noviembre 28th, 2007 by Shialid

Recuerdos

El médico no tardó mucho en salir de la sala donde había atendido a la chica.
Aun así a Rufus la espera se le hizo eterna.
- ¿Qué tiene?- preguntó el hombre rápidamente.
El doctor se sintió algo abrumado ante la repentina pregunta.
- Ha sido sólo un desvanecimiento, está cansada, demasiado estrés probablemente. Pero ya está despierta ¿Ha sido su vida demasiado ajetreada últimamente?- El rubio liberó un suspiro de alivio al oír aquello.
- Sí, lo ha sido para todos.- dijo más calmado.
- Deberían tomarse unas vacaciones.
- Dudo que eso relaje a ninguno, pero gracias por la sugerencia.- contestó Rufus.
- Para cualquier cosa llámenme.- dicho aquello el hombre salió por la puerta y el rubio se propuso entrar a la sala.
Puso la mano en el pomo y entonces se quedo paralizado. No podía hacerlo, no podía pasar a verla ¿Por qué? ¿Quizá por el recuerdo que revivió al verla desplomarse o ver que no despertaba?
Se alejó de la puerta, con los ojos abiertos de par en par, algo asustado al recordar la escena y sin decir nada subió a su despacho ante la mirada atónita de sus tres empleados ¿No le importaba como estuviera? ¿No quería verla? ¿Qué pasaba? Había parecido preocupado segundos antes.
Reno entró entonces el solo a la salita.
Ella estaba despierta y sentada en el sillón, bastante decaída pero no parecía nada grave.
El pelirrojo se acercó a ella y se sentó a su lado.
- Nos has preocupado. A los cuatro.- dijo sonriendo levemente.
- Lo… lo siento mucho. Nunca me había pasado algo así.- respondió la chica.
Entonces se quedo pensativa unos instantes.
- ¿Dónde está Rufus?- Reno la miró.
- Ha subido a su despacho. Pero se alarmó bastante cuando…
- Si se preocupara estaría aquí ahora.- dijo ella cortándole.
- Cuando te desmayaste entró en una especie de estado de Shock, está mal, afectado, no sé qué le pasa.- dijo Reno preocupado. Apreciaba a Rufus a pesar de todo.- Tienes que hablar con él.
- ¿Qué le pasó exactamente?- dijo la chica.
- Le pregunté qué te había hecho, saber si te había dicho algo que pudiera haberte causado impresión y te dejara inconsciente y comenzó a decir incoherencias, se puso muy nervioso llego a decir, “Yo no la maté” y… ¿Él no te puso la mano encima? ¿No? Porque si es así voy a decirle cuatro cosas… – Dijo el pelirrojo.
- No… ¡No! ¡Claro que no! ¡Se supone que le conoces! ¿Cómo puedes insinuar eso?- dijo ella casi indignada.
La pregunta de Reno le había molestado aunque no estaba muy segura del porque. Tal vez porque simplemente ella y Rufus estaban discutiendo y no era justo que pensara aquello de él.
Sin embargo para el pelirrojo fue como si le quitaran un peso de encima, pero ¿A quién creía haber matado?
- Nunca le había visto así.- dijo el chico.- Tienes que hablar con él, que vea que estas bien. Quizá a ti te cuente que le pasó.
- ¿No te lo cuenta a ti y va a contármelo a mí?- preguntó Yuffie ingenuamente.
- Tú no eres una empleada. Eres… eres su mujer.- dijo con la voz algo apagada.
- No, no lo sé ya veré, ahora sólo quiero dormir.
-¿Quieres que te acompañe hasta el cuarto?- Yuffie recordó entonces lo que Rufus había parecido insinuarle durante la discusión. Sólo faltaba que Reno entrara con ella al cuarto. A decir verdad Rufus no iba desencaminado del todo, pero realmente no tenía nada con el pelirrojo y no quería que lo pensara.
- No, yo subiré sola, pero gracias.- dijo amablemente.

Eran las tres de la mañana y la chica permanecía tumbada bocarriba mirando al techo. Empezaba a preocuparse por Rufus.
Aun no había ido a dormir y aquello la hacía sentir culpable.
Se levantó de la cama y salió hasta llegar al despacho.
Llamó a la puerta y no escuchó nada, volvió a dar unos golpes insistentemente y trato de girar el pomo pero la puerta. Estaba cerrada por dentro.
Bajó las escaleras algo nerviosa y abrió un cajón en el mueble de la entrada, cogió una llave y abrió la puerta del despacho de forma repentina.
Se sintió aliviada al ver que Rufus sólo estaba durmiendo sobre el escritorio.
Se acercó a él y le miró, le daba algo de pena despertarle. Pero no le quedaba más remedio.
- Rufus…- Susurró agachándose a su lado y poniendo una mano en su hombro. El no contestó, sólo se movió levemente.
- Ey… despierta.- dijo la chica. Él siquiera protesto ante el hecho de que Yuffie le zarandeara.
- Tú un problema de insomnio no tienes, desde luego.- dijo ella entornando los ojos y poniendo los brazos en jarras.
No podía dejarle allí, hacía frío en el aquel cuarto, pero no quería insistir más en despertarle, liberó un suspiro de resignación.
Salió del despacho y entró en el cuarto de al lado allí cogió una manta, volvió al lugar, la desplegó y la puso sobre los hombros de él.
Entonces se percató de una foto sobre el escritorio que Rufus parecía haber estado mirando.
En ella había mujer joven, bastante atractiva, de pelo muy largo, algo ondulado y claro, con unos enormes y profundos ojos azules, vestida con una ropa sencilla.
Y junto a ella un pequeño de pelo corto, también rubio y de ojos claros.
Miró la foto y luego a Rufus con curiosidad.
¿Quién era aquella mujer? Ambos se parecían y mucho, ¿Su madre tal vez?, si era así, él debía de ser aquel niño. ¿Por qué había estado mirándola?
En cualquier caso y por suerte se parecía a su madre, o a quien fuera la mujer de aquella fotografía y no a su padre.
La chica dejó la foto en el escritorio y miró una vez más a Rufus cada vez tenía más preguntas que tal vez nunca serían respondidas.
- Buenas noches.- susurró Yuffie resignada saliendo fuera y cerrando con cuidado al salir.

-¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no puedo ver a mama?!- decía el niño negando con la cabeza y golpeando con un pie el suelo.
- Mama está enferma, cielo.- dijo la chica acariciando su pelo.
- ¿Qué le pasa? ¿Está peor?- la chica de pelo oscuro liberó un suspiro y se sentó en una silla cogiendo al niño en brazos.
- Las personas, se ponen mal, y necesitan descansar para recuperarse.- le dijo sonriendo dulcemente.
- Eso no responde a mi pregunta y mama siempre está mal.- dijo el pequeño.
- Veras, no solo se enferma cuando se tiene tos y fiebre, también se puede enfermar de otra forma.
- ¿De qué forma?
- A veces las personas se sienten solas y se sienten mal, y les duele el alma. El cuerpo de tu mama está mal, pero hoy también le duele el alma y necesitaba descansar más.
-¿Qué es el alma?- la mujer se echó a reír.
- El alma es la energía que hay en nuestro interior y nos dice lo que está bien y lo que está mal y que cuando nos dicen cosas feas o malas nos duele y se enferma, es más difícil curar un alma herida que un cuerpo.- El niño agacho la cabeza apenado.
- ¿Y papa tiene alma?- preguntó el pequeño.
- Sí, papa también tiene alma.- dijo ella sorprendida.
- Pues debe estar estropeada porque hace cosas malas.- dijo tristemente.
- ¿Cosas malas?
- Él no me quiere.- dijo casi llorando.
- Cielo, no, no digas eso, sí que te quiere solo que su alma también le duele porque tu mama está mal.
- Pero ella no hace cosas malas. Y ella si me quiere.- respondió el pequeño.
- Hay cosas que solo entenderás cuando seas mayor.- dijo la mujer.
- ¡Entonces quiero ser mayor ya!- respondió él.
Ella rió de nuevo dulcemente y le abrazó.
- No tengas prisa en ser mayor, es muy complicado.- en ese momento la puerta se abrió.
- Nilya El jefe quiere verte.
- ¡Tseng!- dijo el niño saltando de los brazos de la niñera para ir a abrazarle a él.
- ¿Qué tal esta el futuro presidente de Shinra?- dijo el joven de unos quince años riendo y cogiendo al pequeño en brazos.
- ¡Bien!
- ¿Vaya y de que hablabais tu y Nilya?
- Del alma ¿verdad Nilya?- respondió el pequeño. La chica sonrió y se puso en pie.
- Claro.- respondió. Entonces miró a Tseng -Quédate con él.- le dijo la ella al chico.
Esté asintió y el niño siguió con la mirada a la niñera hasta que la puerta se cerró tras ella.

Rufus entreabrió los ojos debido a la luz que entraba por la ventana, sentía que le iba a estallar la cabeza.
Se sentó entonces en la silla y miró a su alrededor, estaba vestido, con una manta sobre sus hombros y en el despacho.
¿Una manta? Se quedó unos instantes sorprendido imaginando quien podía haber abierto el despacho y quien podía habérsela puesto por encima.
Yuffie, lo cual no le hizo sentir muy bien, él no había ido a verla después de lo ocurrido.
Tras aquella situación había sido incapaz de entrar a la sala y había subido a su despacho para pensar, y mirar unas cuantas fotos, había estado recordando acerca de la escena que había pasado años intentando olvidar y después se quedó dormido.
Se puso en pie y abrió la puerta.
Bajó las escaleras y entró en la cocina.
- Gracias por la manta.- susurró él con la mano en la cabeza al ver a Yuffie.
- Ayer me fue imposible despertarte.- respondió ella liberando un suspiro.
- No recuerdo nada de eso.
- Claro, estabas dormido mientras yo me preocupaba.- dijo ella de forma hiriente.
- ¿Preocuparte tú por m…?
- ¡Señora ya he hecho lo que me dijo!- dijo una chica joven entrando a la cocina.
El rubio, quien no pudo finalizar la frase hizo un gesto de dolor y se llevó la mano a la cabeza.
- Por dios ¿Tiene que gritar?- dijo cerrando los ojos.
- Gracias.- dijo Yuffie asintiendo.
La chica sonrió y salió por la puerta.
- ¿Qué le has dicho que haga?- preguntó Rufus con curiosidad.
- No es tú problema, es mi casa y tú estás viviendo en ella.- dijo dispuesta a salir por la puerta hacia el patio de atrás.
A pesar de todo aun seguía molesta porque él subiera al despacho en lugar de preocuparse por ella.
Rufus se puso delante de la puerta antes de que ella saliera.
- Ya sé que debí entrar a verte ayer.
- No me importa.- dijo empujándole y saliendo fuera dejando al chico clavado en el sitio sin mediar palabra.
Finalmente se decidió y salió tras ella.
Sentía que tenía que darle algún tipo de explicación, entonces se quedo parado casi en la puerta.
¿Y porque? Él se había sentido obligado a casarse con ella, por su empresa. Aquella niñata, ¿Quién era ella para tener que darle él ninguna explicación? El era Rufus Shinra y en aquel momento y día no estaba precisamente de humor para rebajarse y menos ante ella.
- Estoy cansado de tú actitud y de que te comportes a ratos como una niña malcriada y otros como si dejaras de serlo, no pienso seguir así ni dejar que me faltes al respeto una vez tras otra.- dijo él a la vez que la cogía del brazo y tiraba de ella sin controlar demasiado bien la fuerza con la que lo hacía.
La tenía muy cerca, más de lo que esperaba.
Ella le observaba sorprendida ante aquel gesto con los ojos abiertos de par en par.
Podía soltarse del agarre e irse, él, no la había sujetado con fuerza pero en lugar de eso sólo le miraba a los ojos fijamente.
¿Por qué? ¿Por qué sentía que no podía hacerlo? Era como si simplemente la hubiera capturado con la mirada. Parecía preocupado por lo que ella pudiera pensar, y algo enfadado debido a aquella situación.
- Suéltame, por favor.- dijo Yuffie apenada cambiando su expresión.
Él lo hizo de forma casi instantánea, dejando que se alejara mientras la miraba, a pesar de que no era lo que quería hacer.
Le había sacado de sus casillas y eso era bastante difícil, Rufus solía ser calmado y tranquilo no se alteraba así.
No se comportaba normalmente cómo lo estaba haciendo aquellos días.

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One Response to “08 Recuerdos”

  1. Riku
    Febrero 11th, 2009 at 21:57

    BUENISIMO!! ME LOS LEO DEL TIRON ^^ GRACIAS!!!!!!!!

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