7- ¿Sephiroth?
Era de noche en la posada y el silencio algo sepulcral.
Pero Yazoo no podía dormir, permanecía tumbado en la cama, mirando al techo con una mano tras la cabeza y otra sobre el abdomen.
No dejaba de preguntarse quién era él, solo conocía su nombre acerca de si mismo y era una sensación extraña, necesitaba algo más, un pasado, su pasado. No podía haber surgido de la nada ¿no?
Cerró los ojos unos instantes y cogió aire.
¿A quien quería engañar? ¿Pretendía engañarse a sí mismo? No reconocía ningún lugar, ningún nombre aparte del suyo propio, desconocía porqué actuaba de cierto modo, como por ejemplo comprar su arma ¿porqué aquella arma?, tenía que tener un pasado. Pero nadie acudiría a buscarlo. Estaba solo, no conocía a nadie más aparte de a esa chica, Aerith y la doctora que le había salvado de la cual incluso desconocía su nombre.
Sonrió levemente al recordarla. Se volverían a ver, se lo había prometido, pero ¿Cómo confiar en las promesas de una desconocida?
En ese momento Aerith se movió levemente en la cama de al lado.
La miró unos segundos dormir y a continuación se dio la vuelta en la suya poniéndose de lado y se abrazó a si mismo cerrando los ojos con fuerza.
- No, estoy solo… tengo que aceptarlo de una maldita vez.- se dijo en voz baja a sí mismo.
- ¡Cloud…! ¡Ayúdame Cloud!- Yazoo se sentó en la cama al escuchar a la chica, parecía nerviosa.
- ¿¡Por qué no vienes!? ¿¡Dónde estás!?
- ¿Aerith?- preguntó el chico levantándose, sin embargo ella seguía inmersa en aquel sueño.
- ¡Está aquí! ¡Está aquí!- Yazoo se sentó en la cama de la chica y la zarandeo levemente
- Hey, despierta.
- ¡No! ¡Va a matarme! ¡Va matarme!
- ¡Eh!
- ¡NO! ¡Monstruo! ¡No me toques!- en ese momento se levantó apartando el brazo de Yazoo, quedando sentada en la cama y se llevó una mano a la cabeza haciendo estremecerse al chico el cual creyó que había dicho aquello debido a causa de la confusión de la pesadilla.
Pero no era así.
Aerith miró aterrada unos segundos a Yazoo, se parecía demasiado a Sephiroth, tanto que le había confundido al despertar.
- ¿Estás bien? Estabas teniendo una pesadilla.- dijo él preocupado aun algo aturdido y tocándose la mano, le había dado bastante fuerte.
- Soñé… soñé que él me atravesaba con una espada.
- ¿Quién? ¿Quién lo hacía?
- S… Sephiroth.- dijo ella aun respirando alterada.
Yazoo sintió que ese nombre le era familiar, cercano.
- Sephiroth…- repitió él despacio.
- Soñé que me atravesaba con una espada.
- ¿Por qué? ¿Quién es Sephiroth?- preguntó el chico algo desconcertado e intentando cogerla del brazo.
En un acto reflejo ella se apartó pero Yazoo no le dio importancia.
- Él, antes de que pasaran cuatro años sin saber que he estado haciendo, trató de acabar con el planeta y quizá siga vivo.
- ¿Cómo?
- Es una historia muy larga Yazoo.
- Perdona, no quería molestarte.- dijo él negando levemente con la cabeza y poniéndose en pie.
- No, no me molesta, es solo que…- Aerith encogió las piernas se abrazó a sus propias rodillas.- No sé si quiero recordarlo.- cogió aire y liberó un suspiro.
- No importa. Debemos descansar, mañana será un día largo.- contestó el chico volviendo a su cama y dejándose caer en ella.
Sephiroth miraba las estrellas que cubrían el cielo aquella fría noche.
Aquello era lo único que no había cambiado en absoluto y que seguía siendo lo mismo desde su despertar.
Cerró los ojos y respiró profundamente.
Se sentía bien, tranquilo, y a la vez extraño, era una situación tan rara, ¿Por qué había despertado en aquel laboratorio? ¿Cómo había pasado tanto tiempo?
Habían sido años, demasiados, y sentía que no debía, que no podía dejarse ver y por ese motivo finalmente tras entrar por la tarde en Junon había salido fuera de la ciudad para acampar nuevamente.
No quería entrar en ninguna posada, ni estar en zonas donde hubiera demasiada gente, se sentía incomodo en las mismas.
Miró entonces al chocobo.
¿Cómo había subido hasta donde estaba él?
- Eres muy raro.- dijo entornando los ojos.
El animal solo le observó y a continuación le dio la espalda como si aquello le hubiera ofendido.
- Y irónicamente eres la compañía más inteligente que he tenido hasta el momento.- concluyó liberando un suspiro.- Maldita sea, no puede ser no puedo estar yo, aquí, hablando con un pajarraco.- Cerró los ojos nuevamente y respiró hondo, tenía que intentar dormir.
La luz de la mañana despertó de forma sutil al chico el cual en un acto reflejo puso el brazo derecho sobre sus ojos intentando ocultarlos de aquel rayo de sol matutino que se colaba por las rendijas de la persiana en la habitación.
Tras unos minutos en aquella posición apartó el brazo y se sentó en la cama.
Tardo apenas unos segundos en percatarse de que Aerith no estaba en la cama de al lado. Pensó durante unos instantes que habría ido simplemente a desayunar pero más atentamente vio que no estaba ninguno de los objetos personales de la chica sobre la cama. En su lugar había una nota manuscrita en un papel algo arrugado.
“Lo siento mucho, no quería abusar de tu hospitalidad y sé que te dije que iría contigo, de hecho yo lo propuse, pero te pareces físicamente demasiado a alguien que intento hacerme daño en el pasado, así que lo mejor será tomar caminos separados. Quizá algún día volvamos a vernos. He cogido tu billete, lo siento mucho, espero que no pienses que soy una ladrona.
Atentamente:
Aerith”
Yazoo Leyó la nota primero con incredulidad, después con desanimo y por ultimo con preocupación.
- ¿No quieres que piense que eres una ladrona y me quitas el billete de barco?- se preguntó a sí mismo.
Liberó un suspiro y recapacito entonces.
Con un poco de suerte podría obtener otro billete a la misma hora y podría hablar claramente con ella.
Se vistió y bajó las escaleras, todo había sido pagado el día anterior así que sin más preámbulos salió fuera y camino unos metros, apenas hacerlo vio una tienda de ropa y se fijo en algunas prendas del escaparate.
- Creo que antes de ir a por mi arma y comprar el billete nuevo tengo tiempo de hacer una pequeña parada- se dijo a si mismo entrando en la tienda.
Miró a un lado y a otro en la misma hasta que una chica joven salió de la parte trasera.
- ¿Qué desea?- dijo la dependienta jovialmente.
- Quiero lo que tiene en ese escaparate.- dijo Yazoo decidido.