06 – Encantado de conocerte.

on Noviembre 28th, 2007 by Shialid

6- Encantado de conocerte.

Aerith bajó del barco de forma pausada y tranquila.
Se había mareado algo por el trayecto y se sentía algo débil. Desde que había despertado no había comido nada y la cantidad de dinero que llevaba encima era muy limitada, aun no sabía lo que le iba a costar el viaje de Junon a Costa del sol y mucho menos sabía como se las iba a apañar en caso de pasar la noche en Junon.
Se dirigió hacia la salida del puerto, hasta que pasando frente a una tienda de armas, unos cinco metros más hacia delante un tipo pasó por su lado y la empujó haciéndola caer al suelo echando a correr segundos después.
Gesticuló de dolor e intento levantarse, parecía que no se había hecho nada pero rápidamente buscó su cartera en la chaqueta, se imaginaba el porqué del empujón, y efectivamente, no estaba.
En ese instante escuchó un golpe.
Se giró y se quedó pálida. Alguien había detenido al ladrón haciéndole soltar la cartera, pero sin embargo Aerith en lugar de sentirse aliviada sintió que no podía moverse. El aspecto de ese chico le era familiar, demasiado familiar.
Ojos turquesa, pelo largo y plateado, altura considerable. No, no podía ser.
Yazoo se agachó a por la cartera, había parado al tipo al salir de la tienda tras ver como empujaba a la chica para salir después corriendo. Al incorporarse se fijó entonces en la joven que le observaba fijamente y paralizada.
Le sonaba su cara de algo, ¿pero de qué? En cualquier caso la cartera debía de ser de ella. Se acercó hacia la chica y le tendió la cartera.
- ¿Es tuya?- dijo por fin.
Aerith no supo que responder, le miraba sin parpadear y retrocedió un paso. Tardó unos segundos en percatarse de que no era quien ella creía. No podía ser Sephiroth. El chico tenía el pelo algo más corto, unos rasgos más finos, vestía diferente y ante todo era más joven, solo unos tres o cuatro años más joven, tendría unos veintiún años, y sacaba bastante altura a Aerith a la cual sus piernas no la respondían.
- ¿Estás bien?- preguntó Yazoo el cual se percató de la palidez de la chica.
Ella intentó contestar pero no podía hacerlo.
Comenzó a sentirse mareada, unos días sin probar bocado, el golpe recibido y la impresión al ver a aquel chico frente a ella.
Por fin el equilibrio la traicionó.
Yazoo la cogió por la cintura en un rápido movimiento impidiéndola caer al suelo mientras que ella a modo de reflejo se aferró a su sudadera.
- Yo, no me encuentro bien.- dijo la chica.
Él la observaba fijamente mientras ella se sentía un tanto desconcertada ¿Quién era ese chico? ¿Qué hacía en Junon? ¿Por qué se parecía tanto a Sephiroth?, él intentaba ser agradable y de hecho lo era, no parecía tener nada que ver con él.
Yazoo por su parte no le prestaba atención a eso, y se centraba en atribuir aquel malestar a la impresión de ella ante el hecho de que la robaran o el golpe.
- ¿Puedes andar?- preguntó él esquivando la mirada de la chica.
Ella asintió e intentó alejarse pero tropezó hacia atrás haciendo que él la cogiera con más fuerza.
- Creo que te llevaré hasta algún sitio donde puedas comer algo.- dijo el chico percatándose de parte de lo que la pasaba y cogiéndola en brazos.
No le agradaba estar ahí en mitad de la calle, un grupo de personas ya se había agolpado alrededor de ambos con curiosidad y Yazoo no estaba en situación de llamar la atención demasiado.
Ella le miró y se sonrojó levemente ante aquella reacción por parte de él que no se esperaba, la estaba llevando en brazos, no sabía hacia donde ni quién era y se sentía avergonzada por aquello.
Se mareó entonces en brazos del chico y todo se volvió borroso, no podía más con aquel cúmulo de cosas.
- Yo… no, no…- En ese preciso momento Aerith se quedó inconsciente entre sus brazos.
- Mejor te llevaré a un lugar donde puedas descansar primero.- Susurró resignado y entornando los ojos.

Sephiroth entró a la ciudad y miró a ambos lados.
A decir verdad recordaba Junon algo peor de lo que estaba y aquello le agradó pero tampoco quería deleitarse en el paisaje.
Entró en silencio cabizbajo, y tratando de no llamar la atención se dirigió hasta el montacargas de Junon.
Si todo estaba como antes aun el código de acceso sería el mismo y con un poco de suerte encontraría lo que buscaba.
En lo que respectaba al código de acceso no tuvo ningún problema.
Llegó hasta la parte superior y observó sorprendido como todo lo que antes había sido una base militar estaba vacía.
No había ni un alma por el lugar no había absolutamente nadie, todo estaba desierto.
Salió fuera y paseó por la zona exterior.
Se percató de que tampoco estaba el cañón que había estado siempre allí.
- ¿Qué me he perdido? ¿Una guerra nuclear?- preguntó desorientado.
Fuera como fuera le daba igual en aquel momento.
Entró en unos edificios situados a la derecha. Allí había un lugar similar a un banco.
Golpeó la puerta y la tiró pasando después dentro.
A continuación tras cruzar unas cuantas habitaciones llegó a una caja fuerte.
- Bueno, no esperaba tener que llegar hasta aquí así y ojalá esto contenga lo que dejé en su día.- se dijo a sí mismo agachándose frente a la caja.
Tardó unos instantes en recordar la contraseña, y comenzó a pulsar el teclado marcando un nombre; “Kadaj”.
La caja fuerte se abrió y su expresión se torno levemente triunfante al ver una especie de funda en la misma.
Sacó el maletín y después desenvolvió el preciado objeto de una serie de telas.
Miró la Masamune durante unos segundos sin tocarla era como si hubieran pasado siglos desde la última vez que la usó.
Siempre había sido previsor y había mantenido guardadas bajo seguridad tres replicas de la misma arma para casos de emergencia, en diferentes lugares y con distinta contraseña, “Kadaj” “Loz” y “Yazoo”. Tres nombres poco comunes que poca gente habría imaginado como códigos. Aquella era una de esas replicas, evidentemente tan ligera y efectiva como la que le acompañó durante años. ¿Pero dónde estaría la suya original?
Tenía que resignarse y darla por perdida después de tanto tiempo.
Cogió el arma, el dinero que había junto a la misma y se puso en pie.
Ahora tenía que volver a Junon, obtener un billete de ida a Costa del sol y continuar su camino hasta Nibelheim desde allí.
En ese momento escuchó un graznido tras él y se giró con el arma. Se sorprendió al ver al chocobo y respiró aliviado al ver que no se trataba de algún tipo de amenaza
- ¿No te había dejado a las afueras diciéndote que volvieras a tu casa?- dijo como si aquel chocobo fuera capaz de entenderle.
El animal movió las alas a modo de respuesta ante la frase haciendo dudar al hombre de si realmente sabía lo que le estaba diciendo.
- Tendré que pagarte un establo hasta costa del sol si vas a perseguirme hasta el barco.- dijo resignándose y saliendo del lugar seguido por el ave.
Aquello era lo último que imaginaba. Acabar en Junon cuya área militar había quedado abandonada hablando con un pajarraco escandaloso.

La chica entreabrió los ojos levemente.
Al principio todo era borroso, tal vez una pequeña lámpara en una mesa iluminando la habitación fue lo primero que pudo ver con claridad.
Se percató entonces de que no llevaba las botas y que la chaqueta estaba en el respaldo de una silla junto con su lazo, alguien la había deshecho la trenza que solía llevar y su pelo estaba suelto.
En ese momento se abrió la puerta y ella se sentó en la cama alarmada hasta reconocer al chico que entraba a la habitación. Era el que la había ayudado con aquel ladrón y había evitado que se desplomara en plena calle, aunque al final se había quedado inconsciente de igual modo.
- ¿Estás algo mejor?- preguntó Yazoo apenas entrar.
- Yo, sí, gracias.- dijo algo avergonzada recordando cuando él la había cogido en brazos.- ¿Qué…? ¿Qué hora es?- preguntó la chica.
- Pues has estado casi todo el día inconsciente, son las once de la noche.
- ¿Tanto tiempo?- preguntó desconcertada.
- Sí, tanto tiempo.- rió él.- ¿quieres cenar algo?- preguntó entonces.
Aquello pilló por sorpresa a Aerith
- ¿Yo? no, no me puedo pagar nada…
- Lo sé, vi tu cartera.- Contestó de forma rápida Yazoo.
Miró entonces a Aerith y al ver su expresión hizo un gesto con la mano a la vez que se quedaba levemente boquiabierto.
- Me refiero a que, bueno, miré por si tenías algún tipo de identificación o similar, algo para saber si tenía que llamar a alguien.- explicó el chico.
Aerith se rió despacio.
- ¿Cómo te llamas?- indagó ella.
- Yazoo.- dijo él con una leve muestra de inseguridad en su voz.
Aun se le hacía extraño mencionar su propio nombre.
- ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?
- Aerith, me llamo Aerith.- contestó la aludida sonriendo melancólicamente y algo apenada.
- ¿Y vives aquí?
- No, no, en absoluto yo…- entonces miró al chico y liberó un suspiro.
No quería hartarle, ni cansarle con toda su historia.
- Estoy, buscando a unos amigos que hace mucho que no veo y…- entonces comenzó a recordar, a recordarlos a todos y que habían pasado cuatro años desde lo sucedido.- Y no sé si ellos siquiera se acordaran de mí.- concluyó compungida.
- No creo que te olvidaran, yo no podría.- dijo el chico casi sin pensarlo. Le había parecido bonita desde el principio y sentía que la conocía de algo.
Miró entonces a Aerith temiendo su reacción pero para su sorpresa ella permanecía con la cabeza agachada tratando de contener las lágrimas.
Aquello la afectaba y él se dio cuenta así que prefirió cambiar de tema.
- ¿Y hacia donde te diriges?- preguntó por fin.
- Voy a Nibelheim.
- ¿A Nibelheim?- Aquello era como decirle que se iba a la otra punta del mundo, aun no sabía dónde estaba nada en lo que respectaba a ciudades.
- Sí, cogeré un barco hasta Costa del sol y…
- Yo también voy a costa del Sol.- intervino el chico.
- ¿En serio?- preguntó ella.
- Sí.- contestó apenado y sentándose en una silla que había en el cuarto.- Pero ya allí no sé qué es lo que haré, ni hacia donde iré.
- ¿Y entonces para que vas a allí?- Yazoo sonrió melancólicamente.
- Digamos que tengo que alejarme de aquí, es todo lo que yo mismo sé.- Aerith no entendía muy bien a qué se refería. Sin embargo tuvo una idea.
- ¿Y qué tal si vienes conmigo?- dijo ella
- ¿No te importaría?- preguntó Yazoo sorprendido.
- Para nada, no tendría que viajar sola por ahí, y me has ayudado, me caes bien.- contestó ella.
Yazoo lo recapacitó unos instantes, era eso o viajar sin rumbo.
- Está bien, iremos los dos y te ayudaré a encontrar a tus amigos.- Entonces se puso en pie y miró a la chica. – Y te invito a cenar.- Ella le observó sorprendida.
- No me malinterpretes, pero no suelo aceptar invitaciones de desconocidos.- Replicó ella.
- Ya no soy un desconocido.- Bromeó él.- Te veo en el comedor de la posada en media hora.- dicho aquello y sin dejar a Aerith protestar salió de la habitación.
De ese modo a ella no le quedaba más remedio que aceptar la invitación.
Liberó un suspiro de resignación y se puso en pie para ponerse las botas y la chaqueta, además de rehacerse la trenza.

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