05 – Promesas rotas

on Noviembre 28th, 2007 by Shialid

5 – Promesas rotas

- Quiero un billete.- dijo Aerith en la taquilla.
- Y ¿Hacia dónde?
- Quiero llegar en barco hasta Costa del sol.- La mujer tecleó unos segundos en el ordenador.
- Lo siento no nos quedan billetes hacia costa del sol, tendrá que ir a Junon y viajar desde allí hasta Costa del sol.
- Pero… pero.
- Lo siento señorita.- Aerith Gruñó y liberó un suspiro.
- ¿Y para mañana?
- Mañana no salen barcos desde aquí.- la chica negó entonces con la cabeza.
- Está bien, deme un billete para Junon.
- Bien señorita un segundo.- Aerith apoyó el codo en la taquilla y a su vez reposó la cabeza en la mano.
- Oh para Junon solo nos queda un billete en segunda.
- En segunda estará muy bien.-dijo Aerith la cual comenzaba a agobiarse.
- Sale dentro de cuatro horas.- indicó la mujer.
- No tengo prisa.- respondió la joven.
- ¡Ah! y es con cama de matrimonio.
- No pasa nada, más sitio para mí.- Contestó la Cetra entre dientes.
- Me parece que hoy no tendrá servicio de…
- ¡Deme ya el maldito billete!- Gritó entonces dando un golpe junto a la taquilla.
Miró entonces a su alrededor y se percató de que todo el mundo la estaba mirando al oírla.
- P… Por favor.- concluyó avergonzada y recuperando la compostura.
- No hace falta alterarse.- dijo la taquillera de forma altiva, entornando los ojos y dándole el billete por fin.
- Muchas, gracias.- contestó ella conteniéndose de volver a gritar.
Aerith cogió el billete y pagó para después dirigirse hacia el puerto.
Con el poco dinero que tenia no le alcanzaba para tomar nada mientras esperaba.
- ¿Quien era esa?- le preguntó una de las azafatas a la taquillera.
- Bah, una maleducada más.
- Chica hoy van tres así, tienes una mala suerte.
- Ya ves, de verdad, que agobiante es la gente así que cree poder tratarnos como quieren.
- No si al final tendremos hasta que convocar una huelga para pedir por hacer valer nuestros derechos como han hecho las tripulaciones y los pilotos esta semana.

-Vale, se puede ir a ciudad de los huesos.
- Sí
- Mideel
- Exacto
- A Wutai
- Sí
- Y a Costa del sol
- Aja.
- ¿Y me dice que no hay billetes para ningún lado?- Preguntó Yazoo entornando los ojos de forma impasible.
- Lamentablemente no. Hay una huelga de personal y se ha juntado con un certamen especial de modelos en Costa del sol.
- Y no han sido previsores ¿no? -preguntó fríamente.
El hombre a pesar de que el chico estaba frente a él no aparentaba mucha edad se sentía algo intimidado por el mismo, le recordaba a alguien y no le hacia mucha gracia a quien.
- B… Bueno nos ha cogido un poco por sorpresa.
- Eso no es excusa tengo prisa y he de irme de aquí.- replicó Yazoo tecleando con los dedos sobre el mostrador.
- Oiga no es culpa mía.
- ¿Al menos puedo comprar un billete para mañana?- suspiró el chico ya resignado.
- Sí, eso sí puede hacerlo ¿Dónde quiere ir?
- A costa del sol mismamente, me da igual, siquiera sé donde está nada.- concluyó él.
-¿Y qué hora? Hay uno a la una de la tarde, así no tendrá que madrugar.
- Bien, está bien.
- De acuerdo, aquí tiene.- dijo el hombre tendiéndole el billete.
El chico lo pagó, miró al hombre que a su vez le miraba con recelo y a continuación salió por la puerta.
Ahora tendría que buscar un lugar donde pasar parte del día y la noche aun era temprano.
Salió del puerto y se dirigió hacia la ciudad, en ese momento vio una tienda que llamó su atención, una armería.
Entró en la misma y miró a su alrededor algo abrumado por la cantidad de armas que había en el lugar.
- ¿Qué deseas?- preguntó el dependiente acercándose a él desde detrás y haciéndole dar un bote sobresaltado.
- Pues verá, no creo que aquí tengan lo que busco.- dijo con toda naturalidad.
- Prueba suerte, dime lo que buscas.- Yazoo se giró, no estaba muy seguro de lo que quería.
- Es…- recapacitó entonces unos segundos.- es una especie de rifle, pero posee una cuchilla superior y otra inferior. – concluyó sorprendido y girándose.
- Vaya, no tengo nada de eso ciertamente.- replicó el hombre.- Pero podría ponerme con ello, y si me hicieras un boceto…
- ¿Para cuándo podría tenerla?- preguntó el chico ladeando levemente la cabeza.
- En un par de días más o menos estaría lista.
- La necesitaría para mañana antes de la una a ser posible.
- Es muy poco tiempo me temo.-Indicó el hombre. – Además, ¿para qué quieres un arma? – Yazoo liberó un leve bufido.
- Me sorprende que no lo preguntara antes, pero contestando a su pregunta le diré que para defenderme, como la mayoría de personas que seguramente adquieren un arma.- el hombre le miró de reojo.
- ¿Cómo te llamas?
- No creo que sea prudente ir dando mi nombre por ahí.- contestó el chico.- Pero me llamo Yazoo.
- Yazoo… Vaya, Me recuerdas a alguien, era como tú cuando tenía aproximadamente esa edad, ¿Tienes familia?
- No, no tengo a nadie.- contestó el chico agachando la cabeza pensativo.
- Entiendo…- dijo el hombre.- Bueno creo que, puedo suspender todos los demás encargos y ponerme con lo que necesitas.
- ¿Y porque iba a hacerlo?- preguntó Yazoo algo extrañado ante el repentino cambio a de actitud del hombre.
- Creo que realmente te hará falta si huyes de Shinra.
- Yo no he mencionado huir de Shinra.
- Lógicamente nadie lo hace.- Contestó el dependiente riendo.
Se acercó entonces a unos cajones y sacó lápiz y papel.
- Bien, ¿Te importaría hacerme un boceto del arma? La tendrás para mañana.

La mujer bajó del helicóptero y apenas pisar tierra pudo escuchar el sonido de un par de pistolas a su espalda.
- No me gusta que me traicionen.- replicó entonces una voz que la era familiar.
Se giró a tiempo de ver como dos guardias la apuntaban delante de Rufus Shinra.
- Usted sabía que no me quedaría cruzada de brazos. No pensaba dejar que le matara, ni pienso hacerlo.
- Ha hecho un gran trabajo doctora, pero lamentablemente, para usted desde luego, ya no la necesito.- dijo Rufus mirando a la mujer fríamente.
- Alguien se dará cuenta de mi desaparición, sospecharán si me mata y me hace desaparecer.- contestó ella.
- ¿Desaparición doctora? No, nada de eso.- dijo el hombre.- No desaparecerá. Uno de los especímenes que formaban parte de un experimento de Shinra escapó matando a una de las investigadoras, a, usted.- puntualizó.- Hay una orden búsqueda y captura para encontrar al asesino de la Doctora “Himaru Ross”. Por supuesto solo daré la noticia a través de los medios una vez, dos como mucho, para no escandalizar a la población pero haré que los guardias le busquen con insistencia.
- ¿Pretende matarme y culparle a él?- dijo cayendo en la cuenta de lo que Rufus quería hacer.
- Vamos, sabía lo que iba a pasar, ¿No esperaría que fuera a dejarle irse por las buenas? A él, ni a usted, no me gustan los cabos sueltos y tengo que encargarme de los otros dos, aunque el clon de Sephiroth no me preocupa especialmente.
- ¿Y porque el de Yazoo sí?
-¿Yazoo? Así que le llama por su nombre. Ya decía que se había encariñado demasiado con él.
- ¡Respóndame!
- Simplemente él no puede aportarme nada bueno, no tiene la iniciativa necesaria ni el poder que me interesaba. El caso de Sephiroth y la cetra son distintos. Sephiroth necesita existir para que esa chica haga exactamente todo lo que hizo la ultima vez, para que tema por el planeta aun sin tener motivos. Cuando ella lo haga yo aprovecharé para poder buscar aquello que necesito.- Concluyó el rubio. -Y después de las explicaciones pertinentes doctora, creo que es hora de poner fin a esto.- Rufus hizo un gesto con la mano y uno de los guardas disparó a la mujer la cual trató de sacar su arma, pero no alcanzó a hacerlo antes de caer abatida al suelo por el primer disparo.
Trató de ponerse en pie de nuevo y alcanzar su arma pero sabía que era en vano, recordó entonces las últimas palabras que le había dicho a Yazoo frente a Junon. Recordó aquella promesa que no podría cumplir.
- “Lo siento, no habrá próxima vez”- susurró – “Lo siento mucho”- dijo dejándose caer al suelo.
Uno de los guardas se acercó entonces y apuntando con su arma a la cabeza de la mujer disparó de nuevo.
No se levantaría más, no diría nada más, Rufus tenía un problema menos del cual preocuparse.
Él se acercó decidido al cadáver de ella y se agachó a su lado.
- Nunca consiento que nadie se interponga en mi camino doctora.- dicho aquello se puso en pie y miró a uno de los guardias.
- Lleváosla abajo y dejadla tirada en la habitación en la que estuvo ese chico.- después ya sabéis lo que tenéis que hacer.

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