4 – Buscando el camino
La ciudad de los huesos había cambiado mucho desde la última vez que Aerith había estado allí.
Ya no era un simple lugar de excavaciones. Se había expandido y era todo un pueblo en cuyo centro se erigía un enorme esqueleto completo, parecido al de un tiranosaurio o algo así.
Había pequeñas casas cercanas a la costa y una especie de puerto donde descargaban barcos de pescadores que a aquella hora de la mañana se movían de aquí para allá vendiendo la mercancía.
La chica miraba sorprendida de un lado a otro. Más bien desconcertada, ¿Cuánto tiempo había estado ahí?, entonces vio a un hombre que paseaba cerca de la playa y se acercó corriendo a él.
- Disculpe, ¿Podría decirme a que día estamos hoy?- el hombre se giró y observó a la chica algo sorprendido por la pregunta.
- A 27 de mayo. – dijo el hombre convencido.
Aerith se quedó pensativa unos segundos y miró nuevamente hacia la playa a la vez que levantaba la vista.
La gente parecía tranquila, calmada, el cielo estaba azul. No había ni rastro de meteorito, ni de nada, era como si todo hubiera terminado.
-¿Y hace cuanto se sucedió lo de meteorito?- Indagó la chica.
El hombre la contempló aun más sorprendido y después se echó a reír.
-¿Es una pregunta con trampa?- Entonces se percató la expresión un tanto confusa de la chica.
- Han pasado casi cuatro años, hace apenas dos que Shinra recuperó parte de su poder, cuando fue erradicado el Geostigma, y hace uno fueron solucionados unos problemas con los Deep Ground Soldiers.
- ¡Cuatro años! ¿Geostigma…? ¿Deep Ground Soldiers? -Susurró Aerith completamente atónita.
- Señorita ¿Dónde ha estado encerrada? ¿Se encuentra bien?- dijo el hombre algo preocupado.
- Lo… lo siento, tengo que irme.- antes de que el hombre pudiera decir nada la chica salió corriendo de la misma forma en que se había acercado.
Cuatro años, habían pasado cuatro años, ¿Cómo era aquello posible? ¿Cómo? ¿Y dónde estaban los demás? ¿Qué había sido de sus vidas? ¿No habían ido a buscarla?
Solo había preguntas en su cabeza. Preguntas que tenía que responder.
Recapacitó unos instantes ¿Dónde podía estar Cloud después de cuatro años?
Nibelheim, era el lugar donde él había nacido y vivido. No era un mal lugar para empezar.
- Solo lo preguntaré una vez más ¿Donde vamos? – dijo el chico ya incomodo ante aquella situación.
- A Junon y ya allí tendrás que irte a otro lugar, alejarte de aquí lo más que puedas.
- ¡¿Pero dónde?! ¡¿Dónde se supone que tengo que ir?! ¡No conozco a nada, a nadie en ninguna parte y…!- La mujer cogió al chico de la mano para que parara, a continuación le miró a los ojos.
- Escúchame, quieren matarte, tienes que huir antes de que te hagan daño, te dejaré frente a Junon y te daré dinero para que vayas en barco desde allí hacia donde quieras.
- ¡Pero yo no sé donde ir!- replicó de forma levemente violenta.
- ¡No me discutas! Tendrás que apañártelas solo a partir de entonces.- Yazoo guardó silencio unos segundos, no sabía quién era, de donde era, no conocía los lugares.
Y no sabía porque querían matarle.
- ¿Por qué quieren acabar conmigo?- dijo apenado entonces.
Ella agachó la cabeza y cerró los ojos.
- Es mejor que no lo sepas, es mejor que sigas con tu vida, que sigas vivo y olvides que estuviste en un laboratorio e ignores tu pasado. Eso es todo lo que debes saber.- En ese momento se percató de que estaba llegando a su destino, con cuidado y alejada un poco de la ciudad bajó el helicóptero.
- La ciudad está allí.- dijo señalando hacia Junon.
Entonces sacó una especie de tarjeta le cogió una mano a Yazoo y se la puso en la misma mientras él la observaba sorprendido.
- Es de tres mil Gils, será suficiente para que te alejes de aquí y puedas subsistir un tiempo hasta que encuentres algo que puedas hacer o donde puedas estar.
Él miró la tarjeta y después a ella sin pestañear.
- ¿Por qué haces esto?- Preguntó despacio
- No lo sé.- susurró ella liberando un apagado suspiro.
¿No lo sabía? Claro que sí lo sabía, pero no iba a decírselo, era de locos. ¿Cómo podía haberse enamorado de un chico de unos veintidós años? ¿Cómo podía decírselo? Ella le sacaba casi diez. Y sin siquiera conocerle.
El simple hecho de sincerarse hacia si misma era estúpido, pero era así y él nunca lo sabría.
- Siquiera sé cómo te llamas.- Replicó él sacando a la mujer de sus cavilaciones.
La mujer miró a Yazoo y agachó la cabeza.
- No importa demasiado.- contestó ella de forma calmada.
- A mí sí me importa, ¿Volveremos a vernos?- La mujer le miró de forma un tanto sorprendida pero entonces asintió.
- Cuando todo pase, después de un tiempo tal vez sea así.- contestó ella.
- Bien, tendrá que haberla para que yo pueda saber cómo te llamas.- dijo Yazoo.
- ¿Y por qué la próxima vez?
- Porque así tienes una excusa ineludible para que haya una próxima vez y yo también.- puntualizó el chico.
Ella sonrió ampliamente al oír aquello.
- En ese caso nos volveremos a ver, te lo prometo, no voy a dejarte con la intriga.- contestó riendo.
Entonces la expresión de la mujer se tornó levemente melancólica.
- Suerte y ten mucho cuidado.- Yazoo asintió y se giró para alejarse y entrar en la ciudad intentando no mirar hacia atrás para no arrepentirse de alejarse de la única persona hasta el momento que se había preocupado por él.
Sephiroth se lavó las manos en el pequeño riachuelo cercano al lugar donde había acampado parte de la noche.
Levantó la vista y miró hacia arriba. El cielo estaba completamente azul, no había ni una sola nube y aquello era una buena señal, tendría que llegar hasta Junon con el chocobo y era mejor que todo estuviera calmado.
Miró entonces al animal, era excelente, aunque no parecía caerle demasiado bien su nuevo dueño.
Sephiroth lo comprendía y evidentemente solo estaría con aquel bicho hasta llegar a su destino, después le soltaría para que regresara a su establo.
Se percató entonces de una chapa identificativa que colgaba con un delgado hilo de su cuello. En ella venia escrito un nombre; “Airun”.
- ¿Airun?- dijo el hombre mirando al chocobo. – Menudo… Nombre, ¿Qué clase de persona pondría un nombre así a un animal?- replicó riendo y acariciando la cabeza al ave.
En ese momento escuchó el sonido de una moto. Cogió las riendas del chocobo y se acercó a unas rocas entre las cuales se escondió.
La moto paró unos segundos y Sephiroth pudo escuchar como alguien comenzaba a caminar por donde él estaba.
- ¡Airun!- Gritó una voz entonces.
Sephiroth abrió los ojos de par en par, aquella voz le era familiar pero no era lo que le preocupaba.
El animal comenzó a gorgojar, y cuando se dispuso a abrir el pico el hombre se lo cerró, impidiéndole contestar a la llamada de su legitimo dueño.
- “No te atrevas o te hago filetes.”- susurró en voz muy baja el hombre.
- ¡¿Airun?!- insistió la voz de nuevo al haberle parecido oír algo, sin embargo no recibió respuesta.
- “Mira que eres pesadito”- masculló Sephiroth deseando que el dueño del chocobo se marchara.
En ese momento sonó un teléfono.
- ¿Quién es? Sí, sí, soy Cloud.- dijo el chico hablando por teléfono.
- “¡¿Cloud?!”- pensó el hombre para sí.
- No, no encuentro el chocobo, Denzel se va a llevar un disgusto cuando se entere, es el que le gustaba.- hubo un breve silencio entonces. – Sí, iré a casa, dudo poder encontrarlo ya, solo espero que si se escapa de donde lo tengan vuelva al establo.- Sephiroth se asomó unos segundos sobre las rocas, al verlo casi se quedo sin aire.
- Sí, nos vemos para la hora de comer.- Prosiguió el rubio.
Dicho aquello colgó el teléfono y volvió a subir a la moto en la cual se alejo del lugar.
Sephiroth salió entonces de su escondite al dejar de oír el ruido del motor.
- Increíble, sí que ha pasado el tiempo.- dijo sorprendido.
Aquello confirmaba realmente que había pasado nueve años en a saber dónde y a saber cómo.
Él recordaba a un crío de quince o dieciséis años tratando de entrar en soldado, un crío amigo inseparable de Zack, un miembro más de soldado y bastante joven que justamente le acompañó a la misión de Nibelheim.
Cerró los ojos y se llevo la mano a la cabeza,
¿Por qué no había salido? ¿Por qué no le había dicho nada?
No, algo no estaba bien, se había ocultado sin querer salir, y sabía que tenía motivos para hacerlo, pero ¿Cuáles? No recordaba nada ¿Qué pasaba? ¿Qué había pasado en Nibelheim? ¿Y que había sido de Zack?
A pesar de que solo recordaba hasta aquel momento el llegar a Nibelheim, el nombre de Cloud resonaba con más fuerza en su cabeza. Por extraño que pareciera era como si se hubieran visto más recientemente y como si tuviera algún motivo para ocultarse de él.
Entonces el chocobo liberó un leve gorjeo lo cual sacó a Sephiroth de sus divagaciones.
- Sí, ya, ya nos vamos.- Se acercó al animal y subió sobre el mismo.
Cuanto antes llegara a Nibelheim antes podría hallar las respuestas. Llegaría hasta Junon donde cogería un barco hasta costa del sol pero antes tenía que acceder a la base a buscar algo que necesitaba antes de continuar.