3- Libertad
Aerith dio un bote al despertar, en un acto reflejo se llevó las manos al abdomen y al pecho.
Había tenido una pesadilla horrible en la que alguien le atravesaba con su espada. Aquello no podía haber pasado, ella estaba allí viva. Pero entonces ¿Dónde estaban los demás?
La chica había entrado en una de las casas de la ciudad olvidada y se había acostado en una cama para pasar la noche.
Sin embargo había algo extraño. No percibía ningún peligro, no percibía nada aparte de tranquilidad, como si todo estuviera en orden, no había peligro.
Aun sentía el dolor que recordaba acercándose al planeta, pero como algo del pasado. No era siquiera consciente de cuánto tiempo había estado inconsciente, tenía que alejarse de allí, acercarse a alguna ciudad y averiguarlo, averiguar qué había pasado, que hacia allí.
- Espere un momento ¿¡Dice que es un espécimen no valido!?- dijo escandalizada la doctora.
- Así es, solo fue un error, siquiera es el tipo de individuo al que estaba buscando. – dijo contundentemente el hombre.- No niego que ha sido útil para comprobar que con poco material puede obtenerse un ser completo, pero no es lo que buscaba.- protestó finalmente Rufus rellenando unos papeles.
- Pero ¿Entonces? ¿¡Qué hará con él!?
- No podemos dejarle con vida lógicamente. Será un buen sujeto de estudios en una camilla.
- ¡¿Qué?!
- No me sirve para nada. Solo es un estorbo y para colmo puede ser peligroso, por otro lado yo estaba interesado en el líder, no en ese, no me aporta nada.
- ¡No puede hablar en serio! ¡¿Peligroso?! ¡Ese chico está asustado! ¡¿Qué daño puede hacer?!
- Oiga, cuando comenzó a trabajar para mí sabía perfectamente a lo que se estaba exponiendo. Y que tenía que dejar sus remilgos a un lado. Tengo otros asuntos que resolver, acabo de disolver los turcos y ya tengo unos cuantos problemas con unas amenazas debido a un asunto de un virus, no pienso preocuparme más de lo que debo de éste tema.
- ¡No! ¡No puede decirme que lo mate! ¡Ahora es un ser vivo!, ¡Consciente de lo que le rodea!, ¡Inteligente!, ¡Con ideas y sentimientos propios!- ella se llevó una mano a la frente y comenzó de andar de un lado a otro.- ¡No es una amenaza! ¡Tiene miedo! ¿¡Qué sabe de nada!? ¡Está desorientado! – Miró de nuevo a su jefe entonces parando en seco.- No puede hablar en serio cuando me dice que lo mate.
- ¿Por qué no deja de una maldita vez de cuestionar mis órdenes? ¿Le ha cogido cariño?- se burló Rufus.
La mujer entornó los ojos y agachó la cabeza.
A decir verdad había pasado mucho tiempo ocupándose de Yazoo en particular, era el más débil de los tres, el que tenía menos posibilidades de sobrevivir, y sin embargo ahora estaba despierto parecía estar bien, reaccionando, lo cual era casi un milagro.
Y le había parecido tan asustado al despertar…
Ese chico era una persona, una persona a entender de la doctora indefensa, encerrada en un frío laboratorio, sin nada ni nadie.
Y no contento con eso ahora Rufus quería que ella le matara. Evidentemente aquello no iba a pasar
- ¡No lo permitiré!, ¡No pienso permitir que acabe con su vida!- gritó ella saliendo por la puerta y dando un golpe al salir.
- Y yo me lo imaginaba.- susurró Rufus levantando la vista unos segundos.
Era de noche cuando Sephiroth llegó a la granja, allí en la zona exterior había diversos chocobos, pero la mayoría parecían recién capturados, algo débiles tal vez, así que prefirió entrar dentro.
Al parecer los dueños estaban durmiendo y nadie vigilaba los chocobos. Cosa bastante normal, poca gente se dedicaba a criarlos en cautividad y era raro que alguien se llevara alguno. Sin embargo él necesitaba algo rápido que le llevara al puerto más cercano, pero allí había algo mejor.
El animal tenía un brillo especial en un tono dorado, y una mirada tranquila y pacífica.
Durante unos instantes Sephiroth se preguntó quién era su dueño, aunque no era algo que fuera a influir en absoluto para que se lo llevara.
Lo sacó del establo con cuidado, calmándolo de forma sutil y rápidamente subió a él para salir corriendo.
No esperaba que fuera a semejante velocidad así que cuando el animal empezó a acelerar estuvo a punto de caerse, sin embargo aquello en lugar de asustarle le animó a hacer correr al animal mas hasta poco a poco ir dejando atrás la granja.
En ese momento se encendieron unas luces en la misma, acababan de descubrir el robo.
Pero él iba a disfrutar del paseo hasta Junon.
Cuando la puerta de la habitación se abrió ya era bien entrada la noche.
Yazoo se despertó sobresaltado aunque se tranquilizó algo al ver que quien entraba era la mujer que había estado haciéndole unas pruebas por la mañana.
-¿Qué es lo que pasa?- dijo desconcertado llevándose una mano a la cabeza.
Aun tenía aquella horrible jaqueca que le había estado atormentando desde su despertar.
Sin mediar palabra la mujer le lanzó unos pantalones vaqueros y una sudadera de manga larga de color gris oscuro.
- Ponte eso rápido, nos vamos de aquí. Creo que ambas cosas son de tu talla.
-¿¡Qué!? ¡¿Dónde?!
- Voy a salvarte la vida.- contestó fríamente.
Entonces cerró la puerta mientras el chico se cambiaba de ropa, la sudadera le quedaba algo ajustada pero tampoco se veía mal del todo, y había algo que le preocupaba más. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué todo aquello?
Salió fuera apenas vestirse y allí estaba la mujer.
- Sígueme.- dijo entonces ella con decisión y cogiendo una pistola.
Él la obedeció sin protestar, aunque aquella situación no le hacía mucha gracia.
- Dime que ocurre.- dijo el chico a la científica mientras la iba siguiendo por aquellos oscuros pasillos.
Ella sin pararse se decidió a contestarle, tenía derecho a saber que corría peligro estando allí.
- Rufus Shinra es el presidente de la organización de la que forma parte éste laboratorio, Quieren acabar contigo, matarte.
- ¿He hecho algo malo?- preguntó parándose desconcertado y mirando a la mujer de reojo analizando su reacción.
Ella se giró y le miró apenada sin saber muy bien que responder.
No, tú, no has hecho nada malo, no has hecho nada, al menos no ahora.
-¿Y antes sí?- ella negó con la cabeza.
- No lo sé, y no me importa.- Mintió cogiéndole del brazo para reanudar la marcha.
Llegaron entonces a una especie de elevador, la mujer pulsó un código en el cual Yazoo se fijó y las puertas se abrieron.
Apenas llegar arriba giraron una puerta hacia la derecha saliendo a gran hangar, donde apartado del resto de vehículos aéreos se hallaba un helicóptero un tanto antiguo, pero de cuya ausencia en caso de tomarlo prestado nadie se daría cuenta.
- Eh vosotros ¡Alto ahí! ¡Las manos donde pueda verlas!- Yazoo y la mujer pararon en seco ante las palabras y se dieron la vuelta.
- Identifíquense ¡Vamos!- exigió el guardia apuntando con el arma a ambos.
Yazoo dio un par de pasos situándose entre el guardia y la mujer.
- ¿Y qué vas a hacer si no?- replicó desafiante y ladeando levemente la cabeza.
- No lo provoques.- intervino ella dirigiéndose a Yazoo y dispuesta a situarse a su lado.
Él extendió el brazo impidiendo que diera un paso más.
Repentinamente y en un ágil movimiento el chico se situó frente al guardia y antes de que este pudiera disparar le dio una patada haciendo que se golpeara contra una pared cercana y quedando así inconsciente.
-Increíble.- dijo ella sorprendida al ver su velocidad.
De algún modo comenzaba a comprender el interés de Rufus en aquel experimento, no era tan inofensivo como ella había pensado y durante unos segundos se preguntó si no estaba cometiendo un error ayudándole a escapar ¿Y si era realmente peligroso? A pesar de todo él parecía sorprendido de su propia actuación.
No, el error sería dejar que Rufus ordenara su muerte como si de un animal se tratara.
Se percató entonces de que estaba comenzando a amanecer. Tenían que salir de allí rápido y ella debía de volver antes de que la echaran en falta.
- Vamos, es hora de irse.- dijo ella acercándose a él y tirando de su brazo nuevamente para subir al helicóptero.
-¿Quien era?- preguntó Tifa preocupada al ver a Cloud al teléfono.
- Nada importante, han llamado de la granja de chocobos.-dijo colgando y luego vistiéndose.
- ¿Entonces donde se supone que vas?
- Han robado uno de los chocobos dorados.- Tifa hizo un gesto de sorpresa.
- Que cosa tan rara, nadie suele robar chocobos.-dijo extrañada.
- Será un ladrón de poca monta.- dijo pensativo.- Me encargare de él y regresare aquí.- dicho aquello salió por la puerta a la vez que Tifa liberaba un suspiro de resignación.