02 – ¿Dónde estoy?

on Noviembre 28th, 2007 by Shialid

2 – ¿Dónde estoy?

Sephiroth por fin salió del edificio. Sin tratar de levantar sospechas se alejó hasta un callejón a pocos metros, estaba ansioso por abandonar aquel lugar y a la vez lo hacía de la forma más calmada posible, se ocultó en la oscuridad, y se quitó el casco dejando libre su rostro y su pelo, algo maltratado, debido a su estancia contra su voluntad en aquel supuesto laboratorio.
Entonces miró a su alrededor, aquel lugar, parecía Midgar pero sin embargo, todo estaba ruinoso, medio destruido, como si hubieran pasado años y se hubiera sucedido alguna especie de catástrofe, y ni que decir del olor a humo y a excrementos que casi le hicieron vomitar.
Agachó la cabeza y pinzando algo de tela de la pierna miro el uniforme, aquello apestaba, y se sentía mal, necesitaba comer, lavarse, dormir, y una ropa más de su estilo antes de averiguar qué estaba pasando.
Miró a derecha e izquierda, fue entones cuando vio un camión aparcado.
Sé acercó desde la sombra agachado andando todo lo rápido que le permitían sus piernas y entró en el vehículo, había dos soldados hablando detrás y las llaves estaban puestas.
Arrancó y rápidamente apretó el acelerador, los guardias empezaron a gritar y a perseguir el camión mientras él, divertido, miraba por el retrovisor.
Asomó el brazo por la ventana en modo de despedida y se rió.
No tenía un rumbo fijo, no sabía dónde ir, pero de algo estaba seguro y era de que en aquel lugar, entre cámaras de video vigilancia y guardias no estaba a salvo.
Abrió entonces la guantera y cogió una de las carteras que había en la misma.
- Vaya, alguien acaba de cobrar su sueldo en efectivo, esto me va a venir muy bien.- dijo sonriendo de forma irónica al ver el dinero.

Cuando la chica entreabrió los ojos la luz le deslumbró casi sin dejarla ver.
Levantó la cabeza y se sentó en el suelo tratando de distinguir lo que se hallaba a su alrededor, de reconocer donde se encontraba. La ciudad olvidada…
Durante unos instantes siquiera recordaba su nombre.
Llevaba un vestido rosa, de lana pero corto a medio muslo, el cual se ajustaba a su cintura con un cinturón color negro, mismo color de chaqueta ajustada a media espalda negra de manga larga. Vestía también unas botas altas hasta las rodillas color beige y en su mano derecha llevaba puesto un brazalete que no recordaba, al menos en lo que respectaba en color y forma a haber llevado nunca.
No se recordaba así, jamás se le habría ocurrido ir vestida de una forma tan atrevida. Allí estaba pasando algo extraño.
Solo su largo pelo castaño estaba trenzado de la forma que siempre lo había llevado.
¿Qué había de toda la gente? ¿Qué había de Cloud? ¿De tifa? ¿De Yuffie? ¿Y de todos los demás?
¿Qué había sido de Sephiroth?
Entonces se decidió a levantarse. Tenía que hacerlo. Trató de ponerse en pie, pero entonces sus piernas le fallaron la primera vez. La segunda temblando logro a acercarse a un árbol, al cual se aferro a duras penas.

- Bien sigue la luz con los ojos.- dijo la mujer moviendo de un lado a otro la pequeña linterna.
Él levantó la cabeza quitándose así de los felinos ojos de color verde turquesa parte de su pelo plateado y siguió con la mirada la luz.
El chico se sentía molesto ante aquello, la cabeza le dolía ante esos simples y pequeños brillos, sin embargo hizo lo que le pedía la mujer.
- Bien todo parece estar en orden.- sonrió ella.
Entonces se mostró algo preocupada, él no había dicho absolutamente nada desde que le habían despertado.
- Oye.- comenzó la mujer amablemente.- ¿Tienes hambre?, ¿Quieres comer o beber algo?- el chico negó con la cabeza a modo de respuesta, con la mirada perdida y ella liberó un suspiro, era imposible hacerle decir nada.
Le parecía tan frágil, a pesar de que se mostraba en general sereno y tranquilo su mirada indicaba en él un leve temor, miedo a todo.
Era como si todo le fuera extraño, y no era para menos, al fin y al cabo todo era extraño para él realmente. Acababa de nacer, no era nadie, siquiera tenía un referente, nada, solo se le habían inducido una serie de datos básicos y acordes a su edad en su subconsciente, que teóricamente debían hacerle capaz de hablar, leer, reconocer casi todo tipo de objetos, pero no un nombre, una cara o un lugar, de hecho siquiera sería capaz de reconocer un triste lugar en un mapa, mencionarle cualquier ciudad sería como mencionarle otro planeta.
- De acuerdo, no importa, iré a buscar una habitación para ti y después ya se verá.- dijo la mujer poniéndose en pie y dirigiéndose hacia la puerta desanimada.
- Yo… ¿Dónde estoy? ¿Quién soy?- dijo el chico entonces aun con la vista aun perdida en el vacío.
Ella se giró de forma instantánea y le miró sorprendida.
- ¿¡Puedes hablar!?
- Eso acabo de hacer ¿no?- Replicó él mirándola entonces con un leve tono de indignación en su voz. Sentía que era un bicho raro y ahora que le trataban como un idiota.
- ¿No recuerdas nada?- indagó ella a acercándose.
Evidentemente la respuesta era que no, no le habían implantado ningún tipo de recuerdo, ningún pasado, nada.
Sin embargo para su sorpresa recibió otra respuesta.
- Solo…, solo recuerdo mi nombre.- contestó el chico.
- ¿Y cuál es?- preguntó algo asombrada.
Él agachó la cabeza, guardó silencio unos segundos y poco a poco parecía irse mostrando en su memoria aquel nombre, su nombre, era como si fuera algo antiguo, como si estuviera quitando el polvo a un viejo libro guardado durante años para ver el titulo del mismo.
- Yazoo.- dijo por fin y de un tirón, sorprendiéndose ante su propia respuesta a la vez que levantaba la vista.
- Yazoo.- susurró ella emocionada.- Encantada de conocerte, Yazoo.- prosiguió sonriendo ampliamente mientras él la miraba sonriendo aunque de forma un tanto más tímida, llevándose la mano al pelo, a la vez que sorprendido.

- Vaya, le queda muy bien, tiene buena planta señor.- dijo sonriendo la chica. Mientras sostenía en la mano un par de prendas más.
Sephiroth se recolocó el abrigo gris de nuevo, éste tenía un cinturón para cerrarlo, pero evidentemente no le iba a hacer falta. Si lo compraba quedaba bastante mejor abierto.
Ya había adquirido un jersey de un color gris perla, y un pantalón negro los cuales llevaba puestos, el abrigo no iba a ser un gasto mucho mayor.
- Me lo llevo con las otras cosas.- dijo convencido.
- ¿Puesto también?- dijo la chica sonriendo.
El hombre asintió.
La dependienta entonces se acercó a la caja y cobró al hombre el cual se dispuso a salir de la tienda en ese momento se dio la vuelta.
- ¿Perdona? ¿Puedo… hacerte una pregunta?
- Sí, por supuesto
- ¿A qué día de que año estamos?- la chica entonces cogió un periódico del día y se lo acercó.
El hombre levantó la vista y tragó saliva, no podía ser. ¿Nueve años?
Algo pálido le devolvió el periódico a dependienta y la sonrió pero de forma un tanto preocupada.
De la forma más digna y calmada que pudo salió de la tienda a la vez que hacia un gesto de agradecimiento.
Aquello había sido un golpe. Un extraño, frió y duro golpe.
¿¡Nueve años!? No, no era posible, lo último que recordaba… ¿Qué era lo último que recordaba? Nibelheim, recordaba Nibelheim, el periódico de ese día. Y una investigación allí… ¿Y Qué más? ¿Qué más?, no recordaba nada más aparte de eso antes de despertar en ese laboratorio, y de repente, habían pasado nueve años.
Entonces miró la camioneta la cual había dejado aparcada a las afueras de Kalm.
Si se la llevaba podrían localizarle a través de ella y no tenía una triste arma con la cual defenderse. Visto así era mejor ir a pie, aunque sin duda no era algo que le apeteciera.
Sin embargo por allí cerca había una granja de chocobos, tal vez podría conseguir alguno.
Tenía que irse de allí y averiguar qué demonios había pasado. Que era lo que estaba pasando. Tenía que ir a Nibelheim.

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