Reencuentro.
-Así pues, Yuffie, opino que deberías de dejar de ver a esa gente.- La chica miraba atónita a su padre, mientras le explicaba los pros y contras de mantener el contacto con los que habían sido sus amigos durante años.
- No puedes hablar en serio.- dijo la chica atónita. – además ya soy mayor de edad, decido sobre mi vida, no puedes negarme eso.
- Lo sé hija, pero, deberías plantearte otras opciones, eres ya una mujer deberías ir pensando en, casarte, tener hijos, y esas personas solo te meten bobadas en la cabeza, no vas a madurar así. Tenemos una tradición que mantener, tienes que ganarte el respeto de nuestra ciudad si algún día quieres ocupar mi puesto.
- ¡No puedes hablar en serio!
- No podría hablar más en serio.
- Bien pues entonces me iré de aquí.
- Que novedad.- dijo cínicamente su padre. – ¿A qué esperas? Siempre lo haces cuando tenemos esta conversación. Siempre huyes de esta conversación, pero tendrás que aceptar esto si pretendes asumir mi puesto algún día, así que márchate si quieres.
- Bien, eso haré.- dijo Yuffie indignada.
- Bien.- respondió su padre.
- ¡Bien! ¡Me iré esta misma tarde! – dijo la chica saliendo de la casa y dando un portazo.
- Ésta chica ha salido a su madre, siempre dando problemas.- suspiró Godo.
Yuffie salió de la casa furiosa, apenas hacerlo comenzó a andar.
- Casarme, casarme sí, seguro. ¡Ja! ¡Sueña si cree que voy a aceptar semejante estupidez! – Se dijo a si misma, dando una patada a una piedra bastante grande. – No tengo otra cosa que hacer. Malditas y estúpidas tradiciones sin sentido.- golpeó de nuevo a la piedra pero sin controlar la fuerza en aquella ocasión.
Esta salió volando, cosa que no sorprendió a la chica hasta que de repente al caer escuchó un sonoro “¡¡auch!!”, que la hizo correr hasta donde había caído el pesado objeto.
Se sorprendió bastante al asomarse, allí había un joven, pelirrojo, con un traje y una fina coleta.
Este se había llevado una de las manos a la cabeza, estaba sentado en el suelo, y en la otra mano tenía la piedra que observaba algo confuso, tratando de pensar, o al menos de imaginar de donde había salido.
Después de lo sucedido, hacía relativamente poco, un par de años después en respecto a la reaparición de Sephiroth, y claudicado el Geoestigma, así como los Deep Ground soldiers, los turcos no resultaban una amenaza.
En cualquier caso no se dejaban ver con mucha facilidad, puesto que aun eran personas consideradas no gratas por gran parte de la población.
- Vaya tú por aquí. ¿Se te ha perdido algo?- dijo la chica al verle.
Instantáneamente Reno levantó la cabeza y la inclinó hacia atrás levemente, sus ojos azules se cruzaron con los negros de Yuffie la cual le miraba riendo.
Liberó un leve gruñido, y algo frustrado cogió la mano de la chica y le puso la piedra en ella.
- Creo que esto es tuyo. Con un poco de suerte podrás tirársela a la cabeza a otra persona y reírte otro rato.- Dicho aquello y volviendo a situar una de las manos en donde había recibido el golpe, se fue alejando de la zona dejando a la chica desconcertada, la cual miró la piedra, que segundos después tiro al suelo.
- ¡Ey espera!- dijo corriendo tras él.- no me has dicho que haces por aquí.
-¿Qué? ¿Ahora hay que rendirte cuentas?- dijo el chico riéndose.
- Oye lo de la piedra no fue a propósito le di una patada, porque estaba furiosa, nada más. Si hubiera querido hacerte daño de verdad sabes que estarías retorciéndote de dolor, y no sé qué hago explicándote por qué te he dado una pedrada, no tengo porque excusarme y lo estoy haciendo.
- Oh, me siento mucho mejor, hasta noto como se me pasa el dolor de cabeza ante semejante honor y el hecho de que haya sido un “accidente”.
- Venga, vamos, no ha sido para tanto, solo fue una piedrecilla.- dijo cruzándose de brazos.
- Del tamaño de un puño.- corrigió él.
En ese momento se giró, se llevo la mano a la frente pero de sus labios no surgió ningún sonido, todo parecía moverse a su alrededor, cayó al suelo de rodillas, mientras Yuffie se acercaba a él con una mezcla de sorpresa y preocupación.
- ¿¡Estas bien!?- dijo ella.
Él la miraba, quería responder pero no podía, segundos después todo se volvió oscuro.