Capitulo 4

on Noviembre 28th, 2007 by Shialid

Capitulo 4

Apenas habían pasado tres días desde el reconocimiento de la zona y los informes ya estaban sobre la mesa de Rufus, ahora solo quedaba esperar que decía él y a Elena le tocaba seguir metiendo datos en el ordenador.
“Error en la base de datos, por favor introduzca de nuevo los códigos y los archivos”
La chica liberó un suspiro, aquello definitivamente no era lo suyo.
En ese momento se abrió la puerta y entró Reno, como siempre, pero por el contrario que otras veces no dijo nada, llevaba un solo café y se sentó frente a su ordenador.
Elena le miró apenada. Lamentaba lo que le había dicho la ultima vez, de hecho desde lo ocurrido en ese bosque no habían intercambiado palabra.
Se quedó pensativa unos instantes y se giró a decirle algo, sin embargo no fue capaz de decir nada, permaneció unos segundos observándole teclear para luego volver la vista a su propia pantalla a intentar resolver su problema.
Aquello la dolía de alguna forma, su indiferencia hacia ella. ¿Por qué se sentía así? No debería de importarle, Reno no le importaba.
Además debía de estar contenta, había tenido un par de citas con Tseng, y aquel día, por la mañana, el la había sugerido una relación formal, estable, lo que siempre había querido.
Elena aún no sabia porque no le había dicho que sí en el mismo momento. Por el contrario se quedo pensativa unos instantes y le dijo que le respondería esa noche.
Reno por su parte se encontraba con un terrible dolor de cabeza.
La noche anterior había bebido demasiado. Se sentía dolido y tenía que olvidar aunque fuera por unas horas a Elena. El problema es que no pudo hacerlo y para colmo tenia un horrible dolor de cabeza.
Desde que regresaron no había vuelto a decir nada más a Elena, ni bueno ni malo. Se sentía tan estúpido, tan idiota. Le declaró lo que sentía ¿Y todo para que?, para colmo aquella mañana en uno de los pasillos había oído a Tseng hablar con la chica.
Al parecer habían salido unos días y Tseng la había propuesto dar un paso mas.
Agachó la cabeza y luego miró de reojo a la chica la cual se peleaba con el ordenador. No quería hablarla, porque no quería sentirse patético de nuevo ni molestarla, pero necesitaba saber si todo estaba perdido con ella antes de tomar una decisión.
- Os oí hablar a Tseng y a ti en el pasillo esta mañana.- dijo algo decaído pero sin girarse.
La chica tampoco se dio la vuelta, simplemente palideció.
- Sí ¿y que?- dijo de forma cortante.
Reno se sobrecogió levemente ante lo frío de sus palabras y cogió aire.
- Solo por curiosidad, ¿Qué vas a responderle?- La chica entorno los ojos y miró el reflejo del chico el cual se había dado la vuelta en la pantalla del ordenador. Parecía realmente apenado, pero aun así no tenia derecho a meterse en sus asuntos. Y pensaba dejarlo bien claro.
- No es tu problema, pero como dato pienso responderle que sí.- respondió la chica tajantemente.
Después de tanto tiempo luchando para que se fijara en ella no iba a decirle que no. Aunque Elena no estaba muy convencida, si era así ¿Por qué no le había dicho que sí aquella misma mañana? ¿Y porque se estaba sintiendo tan mal? ¿Por qué sus palabras la dolían a ella misma?
El pelirrojo la observó sorprendido y a continuación agachó la cabeza.
- Lo siento. No volverá a pasar.- dijo apenado, a continuación se levantó de la silla y salió del despacho cabizbajo, pensativo. De forma totalmente contraria a todo lo que él era.
Elena se sintió tentada a levantarse, salir tras el y abrazarle. ¿Pero porque? Entonces recordó las palabras de Rude hacía tan solo unos días “Si realmente le odiaras no te importaría lo que él piensa de ti”. En ese momento entró Tseng en el despacho.
- Tengo que hablar contigo.- dijo ella decidida poniéndose en pie.- es en respecto a lo de está mañana.- Tseng asintió y sonrió levemente.
- Le quieres a él ¿no?- dijo de forma un tanto melancólica refiriéndose a Reno, la chica esquivó la mirada de Tseng y trago saliva.
- Yo, no…, yo no sé realmente…
- Sí es así deberías decírselo cuanto antes.- dijo colocando unos papeles en un escritorio.
A continuación sonrió a Elena y salio del lugar dejando a la chica un tanto desconcertada.

Reno ya estaba presente en el despacho de Rufus. Había entregado los informes el día anterior y parecía estar bastante animado con los resultados, sin embargo no era el motivo por el que el pelirrojo estaba allí.
-¿Y bien? ¿Qué es lo que querías?- dijo Rufus rellenando unos cuantos papeles.
- Quiero presentar mi dimisión.- dijo Reno despacio.
Rufus abrió los ojos de par en par sorprendido sin saber que decir y dejo caer el bolígrafo de su mano.
- Reno. Tú, tu ¿Estas de verdad seguro de lo que estas diciendo?
- Si.- dijo apenado pero a la vez con decisión.
- Pero, pero, ¡No puedes dimitir!, ¡Tú eres el que esta al cargo de los turcos ahora!, te he subido el sueldo ¿Qué es lo que pasa?- dijo anonadado sin saber que alegar para evitar que siguiera adelante con aquello.
Reno era uno de los miembros que mas jóvenes se había unido a los turcos, aunque no el más antiguo. Pero era importante, y así, de repente, decía que se iba.
- Vuelve a poner a Tseng al mando, seguro que no le importa.- dijo a la vez que sonreía levemente.
- ¿Tiene él algo que ver con esto?- dijo Rufus intrigado.
- No él no, yo soy el imbécil.- dijo alicaído, el rubio permaneció pensativo unos segundos.
- ¿Y con Elena?- Reno levantó la vista y miró a Rufus sin saber muy bien que decir.
- Oye si es por Elena hay más peces en el mar la vida es muy larga. Tengo una idea mejor a que dimitas. Si te quedas y te subiré el sueldo, otra vez. – puntualizó.- Y te cambiaré de departamento ¿Qué me dices?
- Deja de insistir ¿quieres? Dimito y punto.- Entonces se dispuso a salir del despacho.
- Pero… pero… ¡necesito una hoja escrita con tu dimisión! ¡Y quince días antes de que te vayas!- dijo Rufus sin saber que hacer ya, levantándose de la silla.
- Olvídalo, me pienso ir mañana y me da igual lo demás. Vendré por la mañana a por mis cosas antes de la hora normal de entrada.- dicho aquello salió de la habitación.
- Genial, tengo pocos en los que confiar para reorganizar Shinra y se marcha uno. Lo que me faltaba.- dijo dejándose caer hacia atrás en la silla.
En cualquier casi Reno, Rude, Tseng y Elena no eran solo simples empleados para él. No a esas alturas.
Eran amigos, compañeros, no podía comprarse con dinero la cantidad de veces que le habían salvado el pellejo y la devoción con la que habían salvado su vida y recibido sus ordenes, por ejemplo a Reno o Tseng les conocía desde hace tanto tiempo que casi podía considerarlos familia. No quería que se marchara y tenía que hacer algo. Iba a hacer algo.

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