18 – Epílogo.

on Diciembre 6th, 2009 by Shialid

Diez años después…

Todos se hallaban de pie en la solemne ceremonia que se celebraba en aquella iglesia.
Cerca de la novia un hombre de pelo largo rojo sujeto en una coleta y vestido como hombre aunque con evidentes gestos femeninos se secaba las lágrimas, mientras de la mano tenía a una niña de unos dos años, de pelo castaño y rasgados ojos negros.

Algo más atrás dos jóvenes pelirrojos de ojos ámbar e idénticos entre sí se hallaban impasibles y pensativos junto a dos chicas también iguales de largo pelo castaño y ojos grises mirando emocionadas la ceremonia, mientras otro hombre cercano de pelo negro como sus ojos y piel ligeramente tostada se mostraba impasible, aunque de cuando en cuando miraba nervioso su reloj.
Por su parte un poco más atrás se encontraba otro hombre de pelo rubio y enormes ojos azules que lloraba a moco tendido mientras una chica de largo pelo moreno y ojos negros, con aspecto frio y sereno, resignada, le daba palmaditas en la espalda tratando de proporcionarle algo de consuelo.

La novia por su parte parecía pensativa, no estaba segura de si aquello estaba bien, no estaba segura de lo que estaba haciendo, miró a su hija entonces tiernamente, era tan parecida a su padre…

En ese momento la voz del sacerdote la sacó de su enfrascamiento.
- Mitsukuni Haninozuka.- Dijo el sacerdote mirando al hombre, de unos veintiocho años, que aparentaba, de aproximadamente un metro setenta y cinco, dulces ojos castaños y pelo rubio que se hallaba a la derecha.- ¿Tomas a Haruhi Fujioka como legitima esposa en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
- Sí, quiero.- dijo él sonriendo con una voz suave pero firme.
- Y tú, Haruhi Fujioka.- continuó el sacerdote mirando a la joven de unos veintiséis años, un metro sesenta y tres y ojos castaños al igual que su largo pelo, que se encontraba a la izquierda.- ¿Aceptas a Mitsukuni Haninozuka como legitimo esposo en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
- Sí, quiero.- contestó ella insegura, aunque sonriendo levemente y levantando la cabeza para mirar al que sería su futuro marido.
El sacerdote entonces asintió.
- Quien tenga algo que decir que hable ahora o calle para siempre.- sentenció el hombre.
En ese momento las puertas de la iglesia se abrieron de golpe.
- ¡Yo objeto!- gritó una voz.
Todos se giraron y miraron al hombre de pelo negro y ojos del mismo color con gafas que se hallaba en la puerta vestido con un elegante traje.
- ¡Yo objeto!- gritó de nuevo mientras agachaba la cabeza y cerraba sus ojos negros. – ¡Haruhi! ¡No puedes casarte con él!- Gritó.- ¡No puedes! ¡Porque yo te quiero y sé que tú aun sientes algo por mi! ¡Soy el padre de tu hija y sé que aún me quieres! ¡No puedes casarte con él!- continuó furioso e irguiéndose mientras señalaba a Mitsukuni.
- Kyouya.- susurró ella entonces sorprendida, mientras su futuro esposo  miraba algo impresionado también a la persona que se hallaba en la entrada.
- Lo…, lo ha hecho.- susurró Kaoru sorprendido.
- Sabía que esto iba a pasar.- dijo Takashi resignado.

Todos se quedaron petrificados, sin saber que decir.

Pero aquello, ya era otra historia…

¿Fin?

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